DIALOGO CON EL CUERPO

Al comenzar a leer estas líneas, detente unos segundos e intenta contactarte con las sensaciones de tu cuerpo.

¿En qué  estado está? ¿Cuánto espacio ocupa?

Si lo pensamos, veremos que, muy a menudo, nos olvidamos de la fuente inagotable de percepciones que es nuestro cuerpo.

Inevitablemente; recibimos y expresamos estados emocionales a través de sus canales de comunicación, como gestos, posturas; movimientos. Poseemos, así; un lenguaje corporal, un lenguaje espontáneo: Una especie de vehículo de nuestro mundo interior, de lo que sentimos; de lo que, en definitiva, somos cada uno como persona.

Cuán fácil nos resulta aceptar y expresar nuestros sentimientos agradables.

La alegría y el amor parecen escaparse por toda  nuestra corporalidad. La mirada se enciende, la voz se vuelve cantarina, nuestro cuerpo se expande y se desplaza en forma grácil y armoniosa; la sensación de relajación y plenitud nos inunda; nos sentimos libres en el tiempo y en el espacio.

En cambio, que difícil es manejarnos frente a las emociones displacenteras.

La tensión provocada por la rabia o la pena comprime nuestro cuerpo; anula nuestra capacidad de sentir placer, de comunicarnos. Se ensombrece la mirada, se reduce nuestro campo espacial y la temporalidad de nuestra existencia; pesan el presente y el pasado. La oscuridad nubla el futuro.

Con la tensión emocional aparecen variados síntomas físicos como dolor de cuello, de estómago, de cabeza, de    espaldas…, y junto con ellos se inician nuestros esfuerzos por apaciguarlos por medio de agentes externos. Pero, ¿qué pasa si nos damos cuenta de que, quizás, dentro de nuestro mismo ser está el remedio más eficaz?

Lo primero es reconocer ante nosotros mismos que estamos sintiendo pena, rabia, desolación o angustia, e intentar expresarlas en el momento y la forma adecuados. Debemos aceptar que; como seres humanos, está en nuestra sensibilidad la capacidad de experimentar estos sentimientos; y que necesitamos comunicarlos y compartirlos, en la misma forma que la alegría y el amor.

Entonces, recién podremos darnos cuenta, si nos lo proponemos, de que la canalización directa y adecuada: de nuestras emociones busca equilibrarse con nuestras sensaciones corporales. En este momento estaremos en condiciones de gozar la unidad de nuestro ser y podremos disfrutar nuestras infinitas posibilidades.

Al terminar de leer estas líneas; vuelve nuevamente la mirada hacia tu interior y cierra lentamente tus ojos. Busca para tu cuerpo una posición más cómoda, más relajada y concéntrate en imaginar un lugar de tu agrado, el mar, la montaña, el campo… tu mente y tu cuerpo se habrán reencontrado.

Extraído de un artículo de  Virginia Mardones

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One Response to DIALOGO CON EL CUERPO

  1. marichuy dice:

    fue muy bueno

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