Esas cosas que traemos desde chicos

Desde el aroma que regala la leche chocolatada, pasando por el olor de la arena mojada, relajándonos con la fragancia de las flores del jardín o el gusto de las galletitas que compraba mamá.

Todos esos detalles son cosas que traemos desde la infancia, que llevamos con nosotros como souvenirs de momentos gratos.

El sentido del olfato puede generar cosas muy profundas en nosotros y producir recuerdos para toda la vida.

¿Quién puede ver la cara de una persona cerrando los ojos, sólo oliendo su fragancia? Quizás eso ocurre cuando las sensaciones más fuertes y cercanas nos entran por la nariz.

El mismo caminito todos los días para ir a la escuela es un sendero que no se olvida.

Un patio lleno de chicos, con sus guardapolvos blancos, se nos viene a la cabeza cuando un sonido nos recuerda el timbre o la campana del recreo.

El griterío de un aula llena de alegría se transforma en una imagen vívida al pasar frente a una escuela.

La mirada cómplice con los compañeros, saltando sobre baldosas flojas, son cosas que no se borran de nuestra memoria.

Plastilina mezclada con pinturitas y crayones de colores. Papel glacé, punzón, témperas y acuarelas, para dar un poco más de vida a la hora de dibujo. Manualidades en Actividades Prácticas o la flauta dulce en la hora de Música, cada uno de esos aprendizajes nos fueron formando y divirtiendo a la vez.

Emiliano aún hoy recuerda la tarde que volvió del colegio y encontró destrozado el álbum de figuritas, al que sólo le faltaba una para completar la colección. Esa que había cambiado a la mañana en el patio de la escuela. Su perroTony aún tenía algunos pedazos de Álbum entre sus dientes, mientras lo miraba con cara de asombro, moviendo la cola sin parar.

Algunos aún tendrán en la cabeza el paso de la TV en blanco y negro al color. Otros recordarán la televisión sin videocable, cuando uno pasaba el tiempo, esperando la hora exacta para ver el programa preferido. Y esos cómicos que nos hicieron reír tanto que pasaban una y otra vez por la pantalla.

¿Cuántos recuerdos nos trae esa película que vimos por primera vez en el cine y cuando la encontramos hoy en un zapping en TV todavía nos emociona?

Me sentaba solo y miraba tu luz, mi única amiga durante mis noches de adolescencia Todo lo que tenía que saber lo escuchaba en mi radio. Les diste todas esas viejas estrellas a través de las guerras de los mundos, invadidos por Marte Les hiciste reír, les hiciste llorar, nos hiciste sentir que podíamos volar… Radio … Así que no te conviertas en algún ruido de fondo, en una mala salida para chicas y chicos que no saben o simplemente no les importa y sólo protestan cuando no estás allí.

Qué sensaciones te traen, esas madrugadas que te quedabas despierta, sólo para escuchar esa voz en la radio, del programa que más te gustó. Cantando sola y enamorándote de la voz del conductor. ¿Cuántas veces pensaste en volver a ese momento que pasa de vez en cuando por tu cabeza? ¿En cuántas ocasiones soñaste poder modificar algo de ese “hasta luego” que se transformó en un “adiós” a la distancia?

También habrás vivido amistades entrañables, esas que juran “nunca nos vamos a separar” o “esto no es el final sino un nuevo comienzo”. Sin embargo, a veces, hay caminos que se separan y nos hacen distintos. Y otras veces los senderos se vuelven a juntar en el momento menos esperado de la vida. Esos recuerdos que te visitan una mañana de lluvia, un domingo en el que no querés salir de la cama. Esos que te inundan con sensaciones que te llenan los ojos de momentos de los buenos, de esos que no se olvidan y llenan ese instante con la impresión de que valió la pena vivirlo a pleno y con el corazón.

Ese gol que repetís una y otra vez, de aquella tarde de sol en la canchita improvisada en el parque, entre bolsos, ramas, sueños y emociones. La primera vez en la cancha. Los molinetes, la popular, la gente y el color. La salida de los equipos. Los cantitos, los comentarios, los murmullos, los insultos injustificados y el olor a gol. Todo acompañado con una hamburguesa fría en una tarde que el sol faltó. Un tiro desde afuera del área y un grito de gol que se ahogó.

El juego de cartas, el truco, las señas pícaras, los guiños y esos amagues de irse al mazo, escondiendo la carta ganadora, para que no se viera de refilón. Largas tardes de chinchón, casita robada o un chancho que va…

El árbol al que le tatuamos nuestros secretos, o gritamos lo que queríamos decir, donde trepamos mil veces.

Tiempos en que los machucones sanaban con más rapidez.

Los asaltos, las fiestitas de cumpleaños y las reuniones en casas de amigos.

La ropita bien arreglada y las expectativas de salir por primera vez.

En una esquina, donde no me sentaba desde hacía tiempo, lo volví a encontrar. No estaba igual, tenía cara de tristeza, su mirada era parecida, pero había algo que la eclipsaba. Me miró con ojos tristes, creo que me reconoció, pero rápidamente los apartó. Cruzó la vereda y aceleró el paso, hasta que lo perdí de vista. Creo que sintió pena de contarme lo que le pasaba, casi cuarenta años después de la última vez que nos vimos, todavía recuerdo la tarde que sentada en mi pupitre marrón le pregunté si gustaba de mí.

Mil y una fichas en los videos de la esquina, tardes enteras alrededor de un metegol. El primer jueguito electrónico de mano o el gorila tirando barriles dentro de un reloj. Luego vendrían los juegos que se enganchaban al televisor, para pasar horas intentando cruzar la calle, tratando de evadir fantasmas de colores o de hacer mil veces el mismo gol.

Después la emoción de la primer computadora que todavía hoy, seguramente recordamos.

Hay cosas que quedan fijadas en la memoria, quizás historias mínimas si uno se pone a contarlas, pero marcas indelebles para nuestro ser. Los nervios por estudiar para aquella materia que tanto te costó. Pasando páginas y páginas, intentando retener algo que no entra.

Las pequeñas cositas que nos hicieron brillar y nos dibujan sonrisas enormes, al recordarlas, esas son las cosas que importan de verdad.

Marina recuerda cada detalle de esa tarde que disfrutó en el zoológico con su papá y su mamá. La Jirafa, los tigres, los monos y su preferido: “el león”. Cada tanto mira las fotos de ese momento y se le escurre una lágrima, al pensar en sus padres que ya no están, en su infancia y en ese imborrable momento que no se repite nunca más.

La cabeza tapada con la frazada para esconderse por un rato de las cosas que oculta la oscuridad, es una situación que solemos recordar.

Autitos de carreras en la playa, castillitos de arena, y el agua en los pies. Veranos enteros que nos hicieron vivir momentos increíbles para un niño que vive la vida con total pasión.

La tapa de la revista que esperabas cada martes a la mañana. Los números especiales y los suplementos. Recortes de diario, boletos de colectivo, entradas y mil cosas más, son esas cosas que guardabas en tu mejor cajón.

Dicen que la sensibilidad de los niños es superior y que eso les permite mayor percepción con sus sentidos.

Nahuel estaba haciendo limpieza en el garage, cuando encontró ese soldadito que había perdido casi treinta años atrás. Lo miró detenidamente y lo dejó con las cosas que iba a tirar. Siguió la limpieza, mientras miraba de reojo ese pequeño juguete. Al terminar de meter los papeles en la bolsa lo volvió a tomar entre sus manos y amagó a meterlo con el resto de la basura, pero en el siguiente movimiento lo introdujo en el bolsillo de su pantalón. Hoy ese soldadito vive limpio y feliz, como su dueño, justo sobre la mesa de luz donde descansa una foto de Nahuel subiendo por primera vez a la calesita de la plaza, en una hermosa tarde de sol.

¿Alguna vez imaginaste que el caballo de la calesita pudiera salir? ¿O que el autito rojo dejara de girar y aprendiera a arrancar y luego a estacionar? Quizás en esos momentos, la sortija fue el premio más grande al que uno podía aspirar.

Cada una de esas cosas que traemos desde chicos, muchas veces siguen vivas en nosotros. A pesar de haber madurado, cambiado o haberlas olvidado por un rato. Todo es parte de lo que fuimos y de lo que, de alguna manera, nos transformó en lo que somos.

por Damián de Luca

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2 Responses to Esas cosas que traemos desde chicos

  1. moldesale dice:

    Hola que bonita esta tu pagina me gusto mucho. Saludos desde Monterrey Mexico

  2. clara naistat dice:

    Queridas amigas

    hasta ahora ,todo lo enviado ha sido de mi provecho MUY PERSONAL,delaitandome con la lectura de los distintos mails(que no tiene desperdicios)
    Felicito y admiro a las o la creadora de este espacio.
    Solicito se me envie todo material de importancia ya que esto es “una cita con el arte” de las letras y el pensamiento,optimizando la buena lectura,y las estrategias de ilusiones.
    MUchas gracias por todo lo recibido,y brego para que continuen en esta ” nada facil tarea”
    de llegar a todas las mujeres y porque no tambien “hombres”

    abrazo muy especial

    POCHI…….

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