Reacciones Automáticas

Todos tenemos reacciones automáticas. Vienes manejando  tu auto y repentinamente otro conductor se te cierra y te obliga a frenar abruptamente. Tu reacción automática: te enojas. Vas a invitar a salir a una persona que te es atractiva, pero al llamarle te dice que no está interesada. Tu reacción automática: te entristeces. Estas viendo el noticiero en la noche y te enteras que los números ganadores de la lotería son los tuyos. Tu reacción automática: saltas de alegría. Tú no decides sentirte de esa manera, es algo que te sucede automáticamente dependiendo del significado que le das a cada situación.

Cuando hablamos de “reacciones”, nos referimos a un conjunto de emociones, pensamientos y conductas que se presentan en determinada situación. Así, cuando nos enojamos, probablemente no sólo está la emoción de enojo, sino también tenemos pensamientos relacionados con ese enojo, y muy probablemente también conductas como fruncir el ceño,  insultar o apretar los dientes. A esta combinación de emociones, pensamientos y conductas, le llamamos una “actitud”, es por esto que a las reacciones automáticas les llamamos de manera más exacta “Actitudes Automáticas”, para referirnos tanto a las emociones como a los pensamientos y conductas que involucra la reacción.

Estas reacciones automáticas son parte de nosotros y están presentes todo el día, en cada situación que vivimos. Esto es algo normal y adaptativo, de lo contrario, tendríamos que detenernos a analizar y decidir en cada situación cómo reaccionar, lo cual sería cansador  y nos paralizaría. Ya tenemos aprendido que ante determinados estímulos o situaciones, lo “lógico” es actuar de determinada manera. Por ejemplo, si nos encontramos un billete de $100 dólares tirado en el piso, ya tenemos programado que es algo muy bueno e inmediatamente se dispara una reacción de alegría. Poca gente se molestaría por este hecho. También, si alguien nos insulta, la reacción “normal” es enojarse. Es más, tenemos aprendido que si me insultan y no me enojo, ¡entonces además soy un tonto! Decimos cosas como “¡¿Cómo no me voy a enojar si me están insultando?!

¿Dónde Las Aprendemos?

Habrás notado que ante la misma situación cada persona reacciona de manera diferente. Piensa por ejemplo en cuando alguien tira por accidente un vaso con agua en la mesa. Algunas personas se enojan, otras se ríen, otras se avergüenzan, otros se insultan a sí mismos, etc. Las actitudes las aprendemos en parte por experiencias personales y de acuerdo a lo que vemos en nuestras familias, y así una familia que tiende a ser muy alegre y relajada, va a tener personas con actitudes más relajadas ante ciertas situaciones, mientras que una familia muy aprensiva tendrá miembros que ante la misma situación reaccionan con ansiedad o molestia.

También aprendemos las actitudes de la sociedad, que son actitudes más generalizadas. Por ejemplo en ciertos países el que dos hombres se saluden dándose un beso es algo muy normal, y en otros países es algo que simplemente no se hace. Si Héctor vive en una sociedad en que esto no suele hacerse, y viene de visita Jorge para quien es algo muy normal y hasta de buena educación, cuando Jorge se acerca a Héctor para saludarlo con un beso, muy probablemente Héctor pega un salto hasta el techo y rechaza ese beso. Podrá reaccionar con enojo, con risa, con humillación, con intriga, etc…. (esto va a depender de los aprendizajes más particulares con los que fue educado en su familia), pero definitivamente va a tomar ese hecho como algo que no es aceptable (esto es aprendido de la sociedad).

En pocas palabras, todos reaccionamos con ciertas actitudes en determinadas situaciones, y esto es inevitable y como ya dijimos, está bien que sea así. El problema surge realmente cuando nos damos cuenta que estamos reaccionando con una actitud que no deseamos tener. Ya sea porque nos genera problemas con los demás o con nosotros mismos. Por ejemplo, si Héctor se fuera a vivir al país de Jorge, el sentir un gran rechazo cada vez que un hombre se acerca a saludarlo va a comenzar a ser un problema para él y le va a dificultar tener una buena relación con los demás. Otro ejemplo es que si tu te enojas en extremo cada vez que tu jefe te dice que algo no lo hiciste bien, probablemente esto te va a causar problemas personales en el sentido de que te vas a estar haciendo grandes problemas  ante situaciones que probablemente no lo ameritan, y segundo tendrás problemas laborales el día que no te controles e insultes a tu jefe.

Cuándo Es Necesario Cambiar Una Actitud

Es importante hacernos responsables de cambiar una actitud cuando nos damos cuenta que está siendo un problema. Sin embargo cambiar una actitud automática no es sólo cuestión de decidir cambiarla. Ojalá fuera así de sencillo.

Quién entre nosotros no se ha dicho a sí mismo: “La próxima vez que el jefe me regañe, ya no me voy a enojar y mejor lo escucho tranquilo y le explico por qué hice las cosas así”, sólo para verse envuelto nuevamente en un tremendo coraje la siguiente vez que el jefe hace sus comentarios. Nos proponemos: “La siguiente ocasión que mi pareja no me escuche, en vez de darme la vuelta e irme, me voy a serenar y decirle que siento que no me está haciendo caso”, y lo único que sucede es que volvemos a explotar y no nos damos cuenta de esto hasta que ya es tarde. A todos nos ha pasado decir “ya no lo voy a hacer”…, y vuelve a suceder. Esto es porque, como ya vimos, las actitudes son automáticas. Recuerda: Tú no decides reaccionar así, simplemente reaccionas… punto. Cuando te das cuenta ya es demasiado tarde. Es entonces cuando nos sentimos mal de haber vuelto a reaccionar como no queríamos y nos volvemos a proponer no hacerlo la próxima ocasión.

El problema es que ya son actitudes automáticas, y la única manera de cambiarlas es conocer un secreto muy útil: hay que sustituirlas por otras y hay que hacerlo de manera tal que también se vuelvan automáticas. Aquí es donde entra el ejercicio que vamos a compartir, el cual es muy efectivo para a ayudarte a hacer esto. Lo hemos llamado Ensayo Post-Evento de Actitudes Automáticas, ya que se trata de ensayar o practicar las actitudes que deseamos tener, pero después de que ya sucedió el evento en el que queríamos reaccionar diferente. Es la única manera de hacerlo, ya que la actitud que queremos cambiar se va a presentar sin avisarnos y sin darnos tiempo de otra cosa. Vamos a revisar el ejercicio paso por paso:

Ejercicio Para Cambiar Actitudes Automáticas:

Paso 1:

Identificar la actitud vieja, la que quiero cambiar.

Es importante tener muy claro cual es la actitud que ya no quiero tener. Para esto es recomendable basarse en un evento reciente en donde se haya presentado la actitud a transformar. Recuérdalo y obsérvalo. Toma nota de este evento, identificando tanto la emoción, como los pensamientos y las conductas de las que está compuesta la actitud automática.

Paso 2:

Diseñar la actitud nueva, la que prefiero tener ante esa situación.

Ahora vas a diseñar la actitud nueva que quieres tener. Basándote en el mismo evento que observaste en el paso 1, imagínate cómo preferirías reaccionar y anótalo. Crea una imagen mental de ti mismo actuando, pensando y sintiendo como quieres ante ese evento, sin importar que ese evento ya sea del pasado.  Es muy importante diseñar los tres aspectos de la actitud: pregúntate qué tipo de pensamientos tendrías, qué tipo de emoción tendrías y qué tipo de conducta tendrías al tener la actitud que quieres programar.

Es muy importante señalar que al diseñar esta actitud nueva, cuando se trate de situaciones que involucran a terceras personas (como la pareja), no debes imaginar que la otra persona se comporta de manera diferente. Esto es muy importante, ya que es fácil reaccionar tranquilamente si el otro no me arremete, pero se trata de poder reaccionar como yo prefiero ante exactamente la misma situación, y ante las mismas reacciones de la otra persona. En el ejemplo de la pareja, no tiene mucho caso diseñar una imagen mental en donde los dos están muy tranquilos y dialogando amablemente. Si fuera tu caso, se trata de imaginar que tu pareja llega exigiendo tal y como lo hizo en el evento pasado y que tu te mantienes tranquilo ante eso, con tu actitud nueva. Esto es porque quien va a cambiar su actitud eres tu, no el otro. Tú no tienes control sobre las actitudes de los demás, solamente sobre las tuyas. Ahora, es probable que al tú tener una actitud diferente, la otra persona también reaccione diferente, ya que la dinámica de interacción ha cambiado, pero tu objetivo no debe ser que el otro cambie, sino enfocarte en tus propias actitudes.

Paso 3:

Practicar mentalmente.

Ya que has elegido la actitud a cambiar y has diseñado la actitud nueva, es momento de practicarla. Para que una actitud se vuelva automática, hay que practicarla, practicarla y practicarla. Se trata de que te imagines teniendo la nueva actitud varias veces en el día. Cada vez que vuelva a suceder un evento en que se presenta la actitud vieja, olvídate de si volviste a tener la reacción vieja, porque así va a seguir siendo por un rato, pero concéntrate en imaginar cómo quisieras haber reaccionado en ese mismo evento. Imagínatelo lo más vívidamente posible. Esto es muy importante. Se trata de que en tu mente lo estés viviendo así, como tu quieres, y que sea lo más real posible. De preferencia tómate unos minutos para sentarte y cerrar tus ojos, e imagínatelo, con lujo de detalles. Recuerda incluir las emociones, pensamientos y conductas que quieres tener.

Qué Debes Esperar

Hay que tener muy claro que cambiar una actitud toma algo de tiempo, debido a que ya está formado el hábito de la vieja actitud, y como ya vimos, surge sin decidirlo. Cuando surja una nueva situación que detona la actitud vieja, lo que debes hacer es repetir estos mismos pasos. Debes hacer esto cada vez que te des cuenta que reaccionaste como no querías. Lo que estarás haciendo es crear en tu mente un “recuerdo” de ti mismo reaccionando como sí te gusta. Tal vez suene esto raro, ya que hablamos de construir un recuerdo de algo que no hemos vivido, pero curiosamente, la mente no distingue entre lo que estamos viviendo y lo que imaginamos vívidamente. Un ejemplo de esto es cuando imaginas que muerdes un limón y se te hace agua la boca. No hay ningún limón, pero para tu mente sí lo hay y manda señales a tus glándulas salivales. Al imaginar la actitud nueva vívidamente, se está grabando en tu memoria como si la estuvieras viviendo.

Lo que va a suceder es lo siguiente: Al principio aunque repases la imagen mental de la nueva actitud, vas a seguir reaccionando con la actitud vieja. No importa, es normal. Tú simplemente sigue haciendo tu ejercicio. Recuerda que le llamamos “post-ensayo” ya que estas ensayando en tu mente la actitud nueva después de que ya sucedió el evento.

Tal vez al principio, cuando reaccionas como no querías, te toma un poco de tiempo darte cuenta de lo que sucedió, mientras te vas calmando y se pasa la emoción. Es entonces cuando caemos en cuenta de lo que hicimos y nos sentimos mal. Este tiempo que transcurre entre que reaccionas, y te percatas de lo sucedido, puede variar mucho dependiendo de cada persona, y de cada situación, pero supongamos para efectos de este ejemplo que tardas 2 horas en caer en cuenta de lo sucedido. En ese momento debes hacer los pasos del ejercicio. Después de varios días realizando tu ejercicio, vas a notar que ya no tardas 2 horas en reconocer que no te gustó tu reacción, sino que se va acortando el tiempo. Tal vez ahora te das cuenta a los 30 minutos, ¡o a los 15 minutos! De igual manera debes hacer tu ejercicio en ese momento.

Conforme vas practicándolo, va a llegar un momento en que te des cuenta de que estás reaccionando como no querías justo en el momento que está sucediendo y a la vez vas a tener clara la imagen de como sí quieres reaccionar. Es decir, en el momento en que tu jefe te dice que siempre te equivocas, en ese momento se va a disparar tu enojo, pero al mismo tiempo vas a tener presente la imagen de ti mismo reaccionando como tú quieres. Este es un punto crucial, ya que al tener las dos actitudes presentes, puedes “elegir” cuál adoptar. Decimos “elegir” entre comillas, porque tal vez la actitud vieja (el enojo) siga siendo fuerte y te gane, pero si sigues practicando el ejercicio, va a llegar el punto en que realmente puedas decidir.

Ahora, esto no es todo. Si tú continúas con el ejercicio, va a llegar el momento en que incluso antes de que suceda el evento, tú ya vas a tener la actitud que deseas lista para reaccionar. Es decir, ya substituiste la actitud vieja automática, por la nueva, que ya funciona de manera automática.

Conclusión

No podemos decir que hay una manera “correcta” de reaccionar, sino depende de cómo queremos reaccionar nosotros, con qué nos sentimos mejor y qué va más en armonía con nuestra persona y nos hace la vida más placentera tanto para nosotros mismos, como en nuestras interacciones con los demás. Tú eres quien debe decidir que actitudes te están estorbando, y cambiarlas por otras.

Te recomendamos elegir primero una o dos actitudes para trabajar, no varias al mismo tiempo. Si tratas de trabajar con más de dos, tu esfuerzo va a estar demasiado dividido y muy probablemente no se den los cambios. Recuerda que mientras más imagines y practiques la actitud nueva, más pronto se va a ir convirtiendo en la reacción automática, así es que mejor dedícale todo tu esfuerzo a una actitud a la vez.

fuente: VIAM Psicología on line

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: