PRE- OCUPACIÓN

Preocuparse  es una conversación privada con uno mismo. Y, tal como lo dice la palabra, constituye una ocupación anticipada por algún asunto.

Así como la culpa nos ocupa la mente en algo que, de algún modo, creemos que no deberíamos haber hecho sentido, la pre-ocupación nos ocupa la mente por anticipado.

No es sólo una conversación privada; es un estado de ánimo: la inseguridad; la duda, la ansiedad por algo que podría o va a ocurrir: Y es también un proceso de fantasía, ya que a través de ella formamos imágenes de lo que aún no sucede.

Podemos pre-ocuparnos por el dinero, por los hijos, por los padres, por la salud; en realidad, por cualquier cosa. Por cualquier situación que desconozcamos, que no controlemos, ni podamos predecir del todo.

La pre-ocupación encierra una energía que si se deja funcionar exclusivamente a nivel mental hace crecer no sólo fantasías, sino fantasmas. Se torna en  una persecución interna, permanente y, muchas veces, en pesadillas que destacan lo fatal. Se transforma en monstruos que paralizan nuestro organismo.

Estos monstruos cobran tal intensidad que, por momentos, somos incapaces de discriminar que están dentro de nosotros; que son creaciones de nuestro propio miedo. Llegamos a pensar que acechan objetivamente desde afuera, y por lo tanto, creemos que hay poco o nada que hacer. Sólo intentar escabullirse y evitarlos.

Durante este proceso la energía se activa, consume y resuelve siempre al mismo nivel: la mente.

Un buen sistema para resolver la preocupación es pasar a la acción. A tomar medidas para hacernos cargo de los hechos que vemos venir: Sólo así tenemos la posibilidad de dar una respuesta eficiente.

En este actuar la pre-ocupación desaparece.

Pasamos del nivel exclusivamente mental a: otros que involucran más funciones del organismo como hablar: preguntando, contestando y volviendo a preguntar; ir, moverse, trasladarse, sentir, cambiar de estados de ánimo, exponerse.

El operar con la acción, con el hacer, contrarresta los excesivos procesos de fantasía que impiden un adecuado ajuste a la vida. Otorga mayor sensación de poder, de movilidad y de discriminación entre lo que es el propio temor y las posibilidades reales de hacer o de inventar realidades.

Esto es extremadamente importante para mujeres y hombres que, por condicionamiento cultural y familiar, han sido poco estimulados y orientados a la acción, a la autonomía, a la sensación y a la capacidad de poder.

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