“Miradas” [i]

Se cuenta que había una estatua de un rey con un dedo señalador que llevaba la inscripción: “Para obtener un tesoro golpea en este sitio”.

Su origen era desconocido, pero generaciones de personas de aquella ciudad habían golpeado, con todo tipo de instrumentos, en el lugar señalado. Esos golpes, sin embargo, dejaron pocas huellas en la dura piedra aunque sí fueron mellando la confianza de la población en sus posibilidades de obtener la riqueza prometida por la inscripción. Algunos empezaron a considerar la estatua como una broma de mal gusto, pensada por algún antepasado que quería demostrar algo que nadie lograba entender. Para otros la frustración era tan grande que pidieron al alcalde de la ciudad que enterrase el monumento para no tener que verse enfrentados cada día a su propia impotencia.

Un día, un artista de un pueblo vecino, un hombre que disfrutaba contemplando la belleza de las formas de todo lo creado, llegó a la ciudad y se quedó conmovido por la belleza de la estatua. Estuvo observando desde todas las perspectivas posibles, el estilo, las formas, los materiales, el color, y hasta el sonido que producía el viento al rozar aquella obra de arte. Y gracias a la amplitud y profundidad de su amorosa mirada le fue posible observar que exactamente al mediodía la sombra del dedo señalador, ignorada por siglos, trazaba una línea en el pavimento al pie de la estatua.

Marcó el sitio, obtuvo los instrumentos necesarios, y con una barra hizo saltar la loza. Esta resultó ser una compuerta en el techo de una caverna subterránea. En ella había extraños objetos, de una hechura tal que le permitieron deducir la ciencia de su manufactura, hacía mucho tiempo perdida, y en consecuencia pudo acceder al tesoro que la inscripción prometía.

(Adaptación libre de un relato anónimo sufí)

¿Tienes un problema que se te resiste? ¿Qué puedes hacer si con las acciones emprendidas los resultados que obtienes no son los deseados? ¿Te encuentras a menudo haciendo diferentes cosas pero llegando al mismo resultado insatisfactorio?

¿Qué posibilidades de acción tienes desde tu posición de observador de la realidad?

Te animo a contestar algunas preguntas más en relación a tu problema y a tu perspectiva del mismo:

¿Desde qué puntos de vista lo estás contemplando?

¿Cuáles son las creencias en la que estás basando tus interpretaciones de los hechos?

¿Cuál es la conversación, el diálogo interno que mantienes acerca de ello?

¿Cuál es la postura personal que adoptas frente a eso?

¿Qué emociones te despierta esas interpretaciones?

¿Cuál es el espacio disponible para la acción que te dejan todos estos juicios?

Responder a estas preguntas te colocará en la posición de observador de tus propios puntos de vista. Algo así como quitarse los anteojos  y convertirlas en objeto de observación directa. Y esa posición es efectiva porque demasiado a menudo nos atascamos buscando alternativas que funcionen dentro de nuestros puntos de vista habituales, sin darnos cuenta que lo que hace falta es transitar espacios nuevos, perspectivas diferentes, que aunque al principio estarán en sombras se irán llenando de luz. La sombra es la posibilidad todavía desconocida, la capacidad aún no empleada.

Puedes  aprender a ampliar y modificar la mirada partiendo del concepto de que la realidad que percibimos es la interpretación que hacemos a partir de lo que vemos desde nuestro propio punto de vista. Y cuando se logra ampliar la zona de observación surgen posibilidades de acción hasta entonces insospechadas.

Podemos  utilizar variadas herramientas que ponen a punto con amor y humor.

Con amor porque se necesita una mirada amorosa, confiada en el ilimitado potencial de la naturaleza humana, para mirar con comprensión las sombras y con humor porque éste es la conciencia de la precariedad de nuestras interpretaciones. Humor empieza igual que humildad y realmente socava fácilmente la soberbia, incitándonos al cuestionamiento.

Podemos  darnos cuenta de que no nos damos cuenta. Comprender que el hecho de no darnos cuenta de nuestros puntos ciegos moldea nuestro pensamiento y acción. Sin embargo, aparecen posibilidades diferentes cuando podemos  acceder a una mirada más completa. Como les sucedía al artista y a los habitantes del pueblo en el relato mencionado, somos observadores que hacemos distinciones, es decir, diferenciamos algo de un todo, que pueden impulsarnos a nuevas acciones o frenarnos hasta paralizarnos. Debemos observarnos y observar nuestros puntos de vista. Poner en juego esa “mirada habitual” y cambiar de mentalidad para ubicarnos en una forma nueva de ver el mundo…

Debemos  también encontrar posiciones mentales que nos permitan ver e interpretar al mundo desde diferentes ópticas para luego poder elegir acciones más efectivas y coherentes con nuestros valores y objetivos.

Prestar atención a nuevas áreas y significados, buscar diferentes facetas que hasta ese momento no podíamos ver, y desarrollar la propia visión interna y la intuición poniéndonos en contacto con nuestra propia excelencia y la mejor forma de expresarnos desde la autenticidad.



[i] Adaptación de un texto de Pepa Arcay

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