Prejuicios

¿QUE SON?

Son elaboraciones de la realidad que si bien tienen la función instrumental de darle al mundo un sentido y hacerlo inteligible, actúan como frenadores para moverse creativamente por la vida y lograr objetivos que nos hagan más felices. Si estamos convencidas de que la dicha solo es posible en el matrimonio, nos sentiremos desdichadas fuera de el, aunque en realidad no lo seamos. Precisamente porque el prejuicio aparece ante nuestros ojos como algo natural y no como una elaboración cultural es que disolverlos resulta más difícil que disolver un átomo. Sin embargo, esta disolución es el paso previo imprescindible para poder encarar la vida como una aventura que no termina a los cuarenta y que nos obliga a encontrar la felicidad de un solo modo. Dentro de nuestro “argumento de vida”, tenemos algunos sueños tejidos en la niñez, acerca de lo que nos gustaría ser de grandes. Estos sueños suelen actuar como prejuicios. Los preconceptos se maman desde la infancia y se incorporan como visiones propias de la realidad, cuando en verdad son elaboraciones que ni siquiera nos pertenecen. Estas elaboraciones operan sobre la realidad que nos circunda y sobre nosotras mismas. Es así como nos consideramos personas “de suerte” y vivimos en un estado mental de “abundancia” o nos consideramos personas de poca o ninguna suerte y vivimos culpando a nuestros padres, nuestro pasado, nuestro destino o nuestro entorno cultural por todo aquello que no nos sentimos capaces de lograr. Si lo pensamos con detenimiento, caeremos en la cuenta de que en la vida de todas, se producen hechos “de abundancia” que nos hacen sentir plenas, felices, realizadas. Pero una vez que olvidamos estos sucesos volvemos a creer que existe una conjuración universal en contra de nosotras. Sin embargo, todas, absolutamente todas, tenemos la posibilidad de concretar lo que anhelamos. Y no se trata de una simple afirmación optimista. Un pensamiento positivo tiene el poder de modificar sistemas de creencias muy arraigado, permitiéndonos de esta forma darle un giro fundamental a nuestra vida. Los vuelcos positivos de nuestra vida no obedecen a “golpes de suerte” sino que son el producto de cambios que se ejercen en dos direcciones opuestas: de adentro hacia fuera y de afuera hacia adentro. Para cambiar lo que realmente queremos cambiar no existen soluciones mágicas. Somos nosotras lo que debemos hacer el esfuerzo para lograrlo. El primer paso para introducir un cambio benéfico en nuestra vida es “desvestirnos” de prejuicios para volver a vestirnos con la ropa que nosotras mismas hayamos elegido. La mayor parte de nuestras imposibilidades se fundan en prejuicios, es decir, en creencias que nos obligan a aceptar verdades (o mentiras) ajenas y nos impiden avanzar por nuestro propio camino. Si logramos entender como funcionan los prejuicios y hasta que punto son capaces de frenar nuestro desarrollo personal, habremos ganado una batalla importantísima.

Adaptación  del libro “Estoy a tiempo todavía” de Beatriz Goldberg

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