Rayos y Centellas

EL ENOJO

[1] Adaptación de una parte del libro “La inteligencia del corazón” Jorge Blaschke, Pedro Palao

Aunque consideramos que de por sí no hay emoción que sea negativa, ya que en el fondo debemos aprender de todas ellas, el enojo es uno de los sentimientos más persistentes, capaz de hacernos pasar muy malos momentos, siempre y cuando no sepamos comprenderlo y trabajarlo.

Esta emoción se caracteriza por alimentarse permanentemente de monólogos internos, que son los que supuestamente nos proporcionan los argumentos necesarios y capaces de justificar la acción de descargar nuestras iras contra algo o alguien.

Bajo los efectos del enojo aparecen otras sensaciones como pueden ser la ira, la violencia, el sentimiento de venganza, rencores y reproches.

IDENTIFICANDO LA EMOCIÓN

Cada una de nuestras emociones tiene siempre dos connotaciones, una física y otra psíquica, por lo que resulta importante ver de qué manera una sensación puede traducirse en una u otra vertiente y cómo nos afecta o beneficia en esos sectores.

Cualquier persona a la   que preguntemos « ¿cómo sabe usted que está enojado?», además de esbozar una sonrisa ante la posible obviedad de la respuesta, nos diría que se siente mal, que tiene rabia o que está de mal humor. Otros responderían que no tienen ganas de hablar, que se encuentran incómodos en diferentes situaciones, etc. Pero difícilmente podríamos, por no ser conscientes de ello, definir toda una lista de sensaciones y sintomatología presente ante el enojo, primero porque las reacciones y vivencias percibidas por cada uno de nosotros son diferentes y segundo porque, pese a que muchas serán similares, cada uno las vivirá con diferentes prismas de importancia.

VIVIENDO LA EMOCIÓN

Cuando estamos enojados suele ser más importante el torrente de pensamientos, ideas y supuestas decisiones a tomar que la observación de las mismas. Sin embargo, si fuéramos capaces de ser espectadores en lugar de protagonistas de la obra que interpretamos, posiblemente nos daríamos cuenta de la cantidad de reacciones erróneas, y también de las ventajosas, que ejecutamos en cada momento.

El enojo es una emoción que puede ser vivida con inmediatez o desde la distancia. En el primer caso en plena discusión, disputa o enojo es difícil que nos paremos a pensar en lo que estamos haciendo y en lo que está pasando en nuestro interior físico o mental; es en el segundo caso, cuando ya ha pasado un tiempo prudencial desde aquel momento álgido, cuando debemos prestar atención y analizar lo acontecido. Para ello es preciso aquietar la costumbre que muchas veces nos conduce a cargar con una mochila de emociones obsoletas o usadas a destiempo. Dicho de otra manera: si una persona a las nueve y media de la mañana discute y se enoja con su jefe, no es lógico que después de vivir momentos de tensión, exponer argumentos y teóricamente llegar a soluciones, a las cinco de la tarde permanezca en un estado similar al de la mañana, transportando su mal humor y tantas otras reacciones a situaciones que nada tienen que ver con el posible altercado matinal. En momentos como estos la persona no puede reír ante un chiste porque se autoimpone un castigo: estar serio. No puede ilusionarse porque entiende que no debe hacerlo cuando tiene otras cosas supuestamente más importantes en que pensar.

En el momento de la disputa, de forma consciente o no, la persona del ejemplo ha sacado a escena a uno de sus actores o yoes; este ha realizado la «obra de teatro» que le correspondía: la discusión; pero una vez finalizada el actor debe retirarse para dar paso a otro que esté directamente relacionado con las nuevas situaciones a vivir.

Lamentablemente, en nuestra vida no coordinamos bien a nuestros actores, que muchas veces no son más que nuestras emociones, nos olvidamos de cual es su papel, de donde empieza y donde termina, y hacemos que aparezcan en otras obras que no les corresponden, en este caso seguir con el actor enojado  por la tarde o al día siguiente. Si no controlamos la vida de ese actor se nos sumará a otros, como el vengativo, el rencoroso, el ansioso, etc., y entre todos realizarán su propia obra sin contar con nuestra dirección, a no ser que, tomemos cartas en el asunto.

Aparentemente, cuando estamos enojados no hay nada que hacer. Algunas personas nos aconsejan que respiremos profundamente, que contemos hasta cincuenta o que utilicemos diferentes técnicas de distracción para evitar llegar a estados peores. Sin embargo, al hacer todo esto, a pesar de que posiblemente mitigamos los efectos, no estamos aprendiendo de ellos ni tampoco estamos resolviendo favorablemente la situación. Ante un enojo, primero debemos llegar a un estado de calma, pero después tenemos que comprender lo que está ocurriendo.

Como primera medida de urgencia debemos hacer lo posible por contemplar las cosas desde un punto de vista diferente, intentando encuadrar la situación en un marco positivo.

A lo mejor estas preguntas nos pueden ayudar en una situación de enojo.

  • Cuánto tiempo estoy dispuesto a permanecer en este estado?

  • Cuáles son las sensaciones físicas que estoy percibiendo?

  • Puedo aprender algo de lo que me ha pasado?

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One Response to Rayos y Centellas

  1. paula dice:

    Excelente, y realmente para poner en practica!

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