UNA PIEDRA EN EL ZAPATO

 

Prejuicios, creencias, relaciones tóxicas y malos hábitos se pueden meter en nuestras vidas con la misma facilidad que una piedrecilla en un zapato

Detenerse a pensar y eliminar aquello que nos sobra, estorba e incomoda es necesario y también puede ser la mejor manera de iniciar un cambio significativo.

”Quien anda son suavidad llega lejos”, dice el proverbio chino. Y la idea que nos sugiere es que para nadar cómodos por el camino de la vida es conveniente que no dejemos entrar demasiadas piedras en nuestros zapatos, que no vivamos como difícil o imposible el hecho de detenernos y librarnos de ellas.

Y es que, a menudo en el camino de nuestra existencia se nos cuela una piedra en los zapatos cuya presencia es sumamente incómoda. Lo razonable es detenerse y liberarnos de ella. Pero aunque resulte paradójico, a veces preferimos encajarla, antes de detenernos y volver a dejar nuestra molesta inquilina en el camino.

Convertirlo en costumbre. Los motivos de preferir llevar la piedra con nosotros puede tener que ver con la inercia con la prisa, la vergüenza o la pereza. Así la pequeña tortura puede llegar a acompañarnos en un buen trecho. Pero llegados a este punto, la relación amor-odio puede dar mucho de sí. Por ejemplo, podemos optar por responder, a aquel que nos pregunte la causa de nuestros extraños andares, que tenemos una piedra incomodísima en el zapato, pero que no hemos encontrado aún la manera, el momento ni el lugar de quitárnosla de encima. Quizá si nos interpelan y nos preguntan por qué no nos libramos de ella de una vez y en un simple gesto, argumentaremos que en el fondo no hay para tanto, o que al fin y al cabo no sólo te acabas acostumbrando al dolor, sino que incluso le acabas tomando cariño a la piedra. En cualquier caso, la cantidad de argumentos e ilimitada y depende de la imaginación del propietario del zapato ocupado.

Esta metáfora nos parece apropiada para reflexionar sobre aquello que a veces llevamos a cuestas y que nos complica un tránsito amable y en paz por la existencia.

Piedras mentales. Determinados prejuicios y creencias que tenemos sobre nosotros mismos, los demás o la vida pueden ser un verdadero lastre en el camino de vivir. Estas piedras se encargan de destruir encuentros interesantes, aprendizajes necesarios y experiencias reveladoras. Desnudarse de prejuicios es un ejercicio saludable que nos abre un mundo de posibilidades de relación. También conviene revisar las creencias que tenemos sobre nosotros mismos, ya que pueden ser verdaderas mordazas para el cambio en nuestra vida. Por ese motivo conviene de vez en cuando sentarnos a reflexionar, incluso tomar un papel y un lápiz y hacer un inventario de esas piedras – opiniones que se nos cuelan y que tanto nos puede llevar a perder.

Piedras emocionales. A este apartado irían a para aquellas piedras que se cuelan en forma de relaciones no deseadas o tóxicas, simbiosis que, en lugar de hacernos crecer, nos hunden anímicamente. Compañías limitadoras, castradoras, negativas que nos hacen sentir mal, generan mal humor y pesimismo y nos abren las puertas al agotamiento psicológico e incluso a la depresión. Son además causantes de serios daños a nuestra autoestima, así como frenos a nuestro potencial de desarrollo como personas. También vale la pena hacer balance de vez en cuando de esas relaciones piedra y quitarlas antes de que acaben con nuestra paz interior, buen humor, alegría y placer de vivir.

Piedras materiales. Incluimos aquí una amplia gana de objetos de escasa o nula utilidad que vamos acumulando, así como todas aquellas compras que nacen de una bulimia consumista y de la necesidad compulsiva de tener para sentirnos vivos. Y es que, en realidad, quien vive de las necesidades ajenas no se apura en resolverlas. Por ello es fácil que se nos llenen los zapatos de piedrecillas llamativas pero inútiles. En este apartado, además de saturar nuestro espacio vital, queda afectada nuestra salud financiera. Luego, echar un vistazo a nuestros cálculos financieros, nunca mejor dicho, puede ser sumamente saludable.

Piedras de malos hábitos. Las piedras también se pueden colar en nuestra vida en modo de descuido de nuestra salud, de abulia o apatía a la hora de cuidarnos. La piedra de la resignación y de la pereza apenas se nota cuando entra, pero a la larga sus efectos pueden ser devastadores. ¿Qué tal sacudirse de vez en cuando este tipo de piedras pasivo – agresivas y darnos ahora sí, un buen paseo bien calzados, buscando compañías agradables con quienes intercambiar ideas interesantes?

En definitiva, quitar aquello que nos sobra o nos incomoda no es sólo necesario, sino que además puede suponer un extraordinario placer y una acción que genere un cambio significativo en nuestra vida.

“ser sabio es el arte de saber qué pasar por alto”  pero para ello es necesario detenernos a observar aquello con lo que cargamos y que se nos ha colado para poder andar ligeros de equipaje con los zapatos de nuestras ideas, afectos y acciones.

Alex Rovira

 

Una respuesta a UNA PIEDRA EN EL ZAPATO

  1. SILVIA BEATRIZ GAGO dice:

    me parecio hermoso el tema del dia y quien no tiene una o dos o mas piedras en el camino yo en este momento estoy pasandola no muy bien porque me cargue de muchas y digo me cargue porque no las he dejado pasar por alto pero voy a trabajar en ello y sobre todo con la piedra de la pereza el desgano ustedes me hiciron reacciona gracias!!

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