“Lo esencial y lo trivial”

“Lo esencial y lo trivial”

 

          “Se cuenta que un rico mercader fue asaltado en el camino y en su huída de los ladrones terminó perdido en el desierto. Estaba a punto de morir de sed cuando divisó una caravana. El hombre, moribundo y asustado, trató de pedir auxilio. Cuando los viajeros se le aproximaron y le rodearon, consideró que la mejor manera de asegurarse el agua que necesitaba urgentemente, era mostrar el medallón de oro y brillantes que ocultaba bajo su túnica.

Aquellas personas lo observaron con detenimiento y quedaron perplejas por la riqueza de sus vestiduras y las joyas que portaba. ¿Sería un príncipe, un poderoso comerciante, un mago o un alto destinatario de algún país extranjero? Se preguntaron cómo habría llegado a esa situación y se imaginaron las recompensas que recibirían si lograban socorrerle. ¿Cómo querría que le sirvieran el agua? ¿Preferiría en copa de cristal o en una taza? ¿En un recipiente de oro o de plata? ¿Tal vez en una jarra?

Todos hablaban y hablaban mientras se movían de un lado para otro tratando de encontrar la mejor forma de atender al sediento desconocido. Entretanto, el hombre iba agonizando por la ausencia de agua.”

(Adaptación de un cuento hindú)

¿Recuerdas algún momento de tu vida en el que te perdiste en lo irrelevante y trivial mientras tus más profundas necesidades quedaron desatendidas? ¿Qué te sucedió? ¿Sabías claramente lo que querías? ¿Qué aspectos superficiales te distrajeron de lo esencial? ¿Qué miedos, que interpretaciones de la situación transformaron lo simple en complejo? Es necesario, como escribió Ernest Hemingway, no confundir movimiento con acción. Decimos que nuestras acciones han sido efectivas cuando nos han conducido a los resultados deseados. Y eso implica saber enfocarnos en lo que para nosotros es importante que a su vez será lo que dará sentido a nuestros actos. ¿Qué significado tiene lo que haces? ¿Qué buscas viviendo así?

Para descubrir nuestras prioridades tenemos que mirar hacia adentro, a ese centro en el que encontramos la posibilidad de relacionarnos con nuestro ser esencial, quien sabe quienes somos y hacia donde vamos. En esa profunda y viva autoconciencia también entramos en contacto con nuestra jerarquía de valores, que a ese nivel, se transforma en estados de ser como la plenitud, la paz, el amor… ¿Sabes a qué le das valor en tu vida y cuál es el marco de valores que la orienta?

Los valores son lo que consideramos importante dentro de nuestra experiencia. Operan en distintos niveles, determinan los criterios mediante los cuales juzgamos si algo merece o no la pena y ayudan a que nuestra atención se concentre en unas posibilidades de acción y no en otras. Llegar a ser más conscientes de nuestros valores nos ayuda a reconocer lo que nos motiva y nos permite hacer elecciones más coherentes con nuestras íntimas convicciones. En este proceso de reorientación de conductas, de adentro a afuera, lleva el timón esa inteligencia espiritual que constituye nuestra naturaleza esencial.

Para cada uno, algunos valores tienen más importancia que otros. Te sugiero que escojas uno de los anhelos de tu vida y te preguntes: ¿por qué me parece importante? ¿Qué creo que obtendré o experimentaré si lo consigo? Recorre luego otras áreas de actividad, recoge tus deseos y realízate las mismas preguntas. Tus respuestas revelarán lo que más te importa y basar tus acciones en esa jerarquía de valores llenará tu vida de inspiración y sentido. Cuando ya tengas claras tus prioridades pregúntate: ¿Mis acciones están alineadas con mis objetivos? ¿Qué me está distrayendo? ¿Me distraen las rutinas, las tareas atrasadas, lo que es urgente para los demás¿ ¿Mis miedos, mis desconfianzas, mis pensamientos negativos, mi baja autoestima? ¿Mi desorganización, mi desorden, mi necesidad de control, seguridad o aprecio?

Te propongo algunas sugerencias que te ayudarán a aligerar, simplificar y enfocarte en lo esencial:

– Procúrate tiempo diariamente para meditar, para escucharte en profundidad, para entrar en contacto con tus deseos, con tus recursos y para planificar las acciones efectivas que te permitirán vivir en coherencia con tus valores.

– Elige caminos con corazón, es decir, caminos que están alineados con tu jerarquía de valores, con lo que anhelas más profundamente y promueve el transitar por ellos, dejándote guiar por tu intuición.

– Trata de armonizar todas las áreas de tu vida.

– Equilibra la actividad con el descanso y la relajación.

– Busca formas de tener lo más presente posible tu propósito de vida, tu credo personal.

– Date reconocimiento por cada logro que te acerque a tus objetivos.

– Identifica y promueve las actividades de tu vida cotidiana que te ayuden en el viaje hacia tu propio descubrimiento.

– Ordena tus papeles, despeja tus cajones y tus armarios, regala lo que no usas, despréndete de lo que no necesitas.

– Procúrate un lugar cómodo, ordenado y armonioso para estar en soledad y organizar tus asuntos personales.

– Respeta y honra tu propio estilo de afrontar la vida.

– Acostúmbrate a reservar tiempo para planificar tu agenda en base a tus prioridades.

– Delega, pide ayuda, abandona las postergaciones y completa los asuntos pendientes que consideras importantes.

– Separa lo que decidas hacer en la mayor cantidad de pequeños pasos que puedas y concreta el plan de acción para llevarlos a cabo.

– Aprende a poner límites saludables y ecológicos.

– Anula de tu agenda todo aquello que no sea realmente necesario e importante para ti.

Vuelve con frecuencia a tu lista de valores fundamentales, entra en contacto con tu potencial de ser, con la fuente de recursos que tienes en tu interior y ¡empieza ya! ¿Qué puedes hacer hoy que te acerque a tus metas? ¿Qué puedes hacer esta semana? ¿Qué puedes hacer a lo largo de todo el mes? Cada instante es una oportunidad para vivir conscientemente una vida con propósito. Como escribió M. Rogers: “No importa lo rápido que gire la calesita, si recuerdas para qué subiste, disfrutarás más de cada vuelta”

Pepa Arcay

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