ECOLOGÍA EMOCIONAL

Es el arte de gestionar nuestras emociones de tal forma que la energía que éstas generan sea dirigida a nuestro crecimiento personal, a la mejora de nuestras relaciones interpersonales y a la construcción de un mundo más armónico y solidario.

Este planteamiento ofrece un marco NUEVO Y CREATIVO para la educación emocional. Ofrece de manera creativa, un paralelismo con la gestión medio ambiental y una forma de entender las emociones que contempla dos valores clave: la responsabilidad y la conciencia del impacto global que su gestión tiene dentro del ecosistema humano.

Un mundo interior y exterior emocionalmente más ecológico no se improvisa ni se encuentra hecho. Hay que tomar conciencia de que formamos parte de un ecosistema humano y natural, en el cual todos somos piezas importantes y que influimos en el conjunto. Nuestras acciones y nuestra pasividad tienen un impacto en el clima emocional global, haciendo que aumente el desequilibrio, el sufrimiento, la enfermedad y la destructividad, o el equilibrio, la armonía, el bienestar y la creatividad.

Somos responsables de la persona que somos y corresponsables del mundo que tenemos. Apostar por la sostenibilidad emocional es ser inteligente. Hay que reducir el nivel de tóxicos que emanamos, reutilizar y reciclar capacidades y habilidades adormecidas, y reparar heridas para conseguir la armonía.

Para tener una vida emocionalmente sostenible es necesario trabajar las tres ‘R’:

– Reducir los contaminantes emocionales

– Reciclar recursos y emociones

– Recuperar  la  armonía

Las leyes de la ecología emocional

 1. Ley de la diversidad y riqueza de afectos: La vida natural depende de su diversidad y riqueza. (Todos los afectos son necesarios.)

 2. Ley de la interdependencia afectiva: Todas las formas de vida dependen entre sí. (Somos sistemas de energía abiertos y nadie es emocionalmente autosuficiente. Todo lo bueno que hacemos tiene un impacto positivo en el Universo, lo desadaptativo perjudica a todos)

 3. Ley de la gestión ecológica de los recursos afectivos: Todos los seres vivos y todos los recursos son limitados. (Hay que hacer una buena gestión de los afectos. Su mala gestión puede acabar agotándonos y destruyéndonos).

 

Atlas de la ecología emocional

  • Abonos emocionales (o vitaminas emocionales): Ayudan a crecer y ayudan a vivir. Proporcionan nutrientes y energía emocional: agradecimiento, felicitaciones,  sonrisas, abrazos, caricias, ternura…

 

  • Agujero en la capa de ozono: Pérdida de protección en nuestro interior que hace recibamos algunos estímulos sin filtro ni defensa alguna. Por ejemplo, juicios de valor, críticas… (inseguridad, baja autoestima, emociones mal gestionadas) Vulnerabilidad.
  • Basuras emocionales: Residuos emocionales mal gestionados o sin gestionar. Contaminan el medio en forma de agresiones verbales o conductas destructivas: quejas, resentimiento, rencor, mal humor, desánimo, rumores, juicios negativos, furia, rabia, menosprecio, cinismo… Tienen un impacto negativo en nosotros mismos y en nuestras relaciones personales.
  • Biodegradable: Las emociones deben cambiar, evolucionar y desaparecer. Si las retenemos y no las gestionamos bien – “no biodegradables” – pueden llegar a envenenarnos.
  • Cartografía emocional: El mapa mental del mundo que utilizamos como guía en la vida diaria. Información con carga afectiva que señala zonas de peligro, de exploración, rutas adecuadas… Contiene la memoria emocional.
  • Contaminación: Afectos en mal estado, como el mal humor, irritación, enojo, desánimo, el rencor o el resentimiento pueden contagiarse y contaminar el clima emocional global.
  • Conservas emocionales: Situaciones agradables cuyo recuerdo podemos guardar para evocarlo cuando lleguen los malos tiempos.
  • Desierto emocional: Momento emocional en el que uno se siente en tierra yerma, solo y sin recursos. Estado de insenbilidad y de dificultad para sentir o expresar.
  • Efecto invernadero y lluvia ácida: Emitimos partículas tóxicas y contaminantes que acaban rebotándonos en forma de lluvia ácida reduciendo a cenizas nuestra vida interior: El mal humor, las agresiones, el rencor, la envidia, los celos, la crítica constante, la queja, el victimismo, la tendencia a señalar siempre los defectos de los demás… Forma parte del efecto boomerang.
  • Energía emocional: Es el combustible que nos ayuda a vivir (automotivación, alegría, amor, curiosidad, deseo, ternura…).
  • Reciclaje: Transformación de un sentimiento mediante su gestión emocionalmente ecológica que da la oportunidad de evolucionar y descubrir nuevas posibilidades ende nuestro interior. Los celos pueden ser una oportunidad para detectar puntos de mejora y transformarse en más autonomía y seguridad; la envidia, en solidaridad y generosidad; la ira, en energía positiva…
  • Reservas naturales y espacios protegidos: Espacios de intimidad reservados a nosotros mismos. Nos ayudan a respirar y a disfrutar de una mejor calidad de vida. Deben expandirse a medida que crecemos. Espacios para cultivar afectos delicados en peligro de extinción: serenidad, ternura, amor..

[1] Maria Mercè Conangla y Jaume Soler.

 

Una respuesta a ECOLOGÍA EMOCIONAL

  1. Vero dice:

    Absolutamente, maravilloso!

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