APRENDER A ESCUCHAR

 

Muchas  veces te debe haber pasado. Preguntas algo y  contestas vos mism@.

¿Hay pan?

-Sí, por supuesto. Tiene que haber. O bien, te preguntan algo y contestas en tercera persona.

—¿Te gusta?  –Nos gusta mucho.

Son formas típicas de descalificación. Es frecuente que en una reunión, el marido conteste por la esposa, la madre por el hijo.        

Sin darnos cuenta, por ayudar al que pregunta, descalificamos la capacidad del otro de opinar.

Desacreditar significa no tomar en cuenta, desatender, restarle importancia o algo que realmente la tiene. Por eso respondemos en forma indirecta e inadecuada.

La desautorización es un mecanismo interno mediante el cual minimizamos o  ignoramos ciertos aspectos de la realidad; ya sea de uno mismo o de los otros.

Descalificamos a los demás, nos descalificamos y somos descalificados muchas veces al día. Su frecuencia convierte el hecho en costumbre y se nos pasa inadvertido.

Sin embargo, siempre es doloroso ser descalificado. Golpea nuestra autoestima.

Los golpes suelen coleccionarse y luego, por acumulación, la persona estalla en una rabieta o en un estado depresivo.

También se puede desacreditar el significado de un problema o su importancia:

-Se te va a pasar.

-Siempre dicen lo mismo, no hay que hacerles caso.

-Hay inflación, pero no afecta a nadie.

Otras veces se duda de la capacidad personal para solucionar los problemas o reaccionar de una manera diferente:

Yo soy así, no puedo cambiar. -No sé qué hacer.

-Tengo que aguantar.

Lo opuesto de estas situaciones desagradables y dolorosas es darles a los demás, y darse a uno mismo, la importancia que merece.

Dar y darse reconocimiento. Una forma sencilla y efectiva es escuchar. Escuchar es una de las mejores caricias positivas que una persona puede dar a otra.

Implica prestarle toda la atención posible al que habla. Es una valiosa disciplina que puede aprenderse como parte de un desarrollo personal.

Escuchar no significa necesariamente estar de acuerdo. Quiere decir aclarar y comprender los sentimientos y los puntos de vista de la otra persona.

El receptor no debe hablar de sí mismo, ni dictaminar. Hay que hacer hincapié en el mensaje que transmite el otro, en el tú.

Si dos personas hablan al mismo tiempo, ambas se están descalificando. Otro gran detalle.

Es importante mirarse a los ojos cuando se intercambia comunicación. Mirar al otro inicia el reconocimiento. Al sentirnos escuchados la autoestima crece.

Adaptación de un artículo de Gilda Echeverría psicóloga y terapeuta familiar.

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