EL RETORNO DE LOS NÓMADES Lía Schenck

Los nómades son gente común y corriente. Vistos desde adentro tienen esplendores que iluminan. Desarrollan alas y se trasladan por los siete puntos cardinales del espacio. Cuando vuelan y cuando caminan ven dimensiones que los sedentarios no ven. Saben que el amor puede durar una lluvia o varias estaciones. Cuando se acaba sufren y lloran pero se recuperan porque también saben que el amor anda suelto en el aire. Aman todo lo que sueña y se transforma. Celebran el nacimiento de sus hijos y les enseñan a volar y a hablar con las estrellas. Andan de un lado a otro contagiando ganas de vivir. Invitan  a explorar su propia existencia y la del otro con su espíritu nómade. Están seguros de que todos los hombres y mujeres somos nómades de nacimiento, aunque algunos después lo olvidan.

 

RETORNOS

 

Hace muchísimos siglos, en los orígenes del planeta y antes de que los hombres inventaran los relojes, los paraguas, los bolsillos y los pañuelos, el planeta estaba habitado por nómades.

Los nómades eran seres humanos que iban y venían tratando de descubrirse y tratando de descubrir el mundo.

Vivían todo el día a la luz del día y toda la noche a la oscuridad de la noche y se amaban horizontalmente a los latidos de la tierra.

Habría mucho para investigar sobre aquella existencia pero es bien sabido que ser sedentarios lleva  a los hombres casi todo el tiempo de sus vidas y no les deja tiempo para ese tipo de investigaciones.

Los sedentarios desplazaron a los nómades en el curso de los siglos.

Los sedentarios plantaron maíz y plantaron casas y plantaron banderas. Plantaron las plantas de sus pies en un mismo lugar.

 

En la actualidad, sobre todo en las grandes ciudades, se observa el bellísimo fenómeno de la reaparición de los nómades.

Empezaron a surgir después de las penúltimas lluvias y ahí están, viviendo la vida que les tocó en suerte en la ruleta universal de los destinos.

Se han adaptado a las nuevas circunstancias de vida pero no han cambiado lo esencial.

Vistos desde afuera son seres como los de todos los días.

Vistos desde adentro tienen esplendores que iluminan.

Algunos los aman y otros quisieran ponerles insecticida.

Ellos aprendieron a no preocuparse. Ha sido demostrado históricamente que poseen inmunidad a los exterminios.

 

 

ACLARACIONES CON ESPERANZAS

 

Todos los hombres son nómades desde el nacimiento.

Cuando crecen, algunos se hacen sedentarios y otros no.

Los sedentarios se quedan siempre en un mismo lugar y ven las cosas siempre desde un mismo punto de vista. No se mueven de sus lugares ni para mirar ni para vivir.

En cualquier momento de la vida, un sedentario puede empezar a ver la vida de otra manera si aprende las maneras naturales de los nómades.

La transformación de sedentario a nómade entraña algunos dolores necesarios. Tendrán que aprender de nuevo casi todas las cosas y empezarán a llamar a las cosas por otros nombres.

Dejarán atrás  esa costumbre de caminar en línea recta para ir desde sus casas al trabajo y desde el trabajo a sus amores.

De a poco, aprenderán a caminar en espiral como los nómades.

Caminar en espiral protege a los nómades de los tornados y de los granizos.

Cuando la tempestad los sorprende a la intemperie, se adhieren a la tierra y esperan a que dejen de volar ramas por el aire.

Cuando todo pasa vuelven a caminar en espiral.

Esta manera de caminar no sólo es útil en las catástrofes sino en cualquier día del año y de la vida.

Les permite mirar los abajo, los arriba y los costados de todas las cosas, incluidas las flores, los jarrones, los techos y las mariposas.

Hay otras condiciones básicas para transformarse de sedentarios en nómades dado que no sólo caminan en espiral sino que vuelan por los siete puntos cardinales del espacio.

En relación a esto, es necesario que los sedentarios están atentos al período en que comiencen a desarrollarse las alas.

En esos días y en esas noches, sobre todo en esas noches, pueden tener sensaciones de vértigos o náuseas o un incontrolable deseo de llorar arrepentimientos antiguos. Se recomienda en esos casos, mirar o recordar el vuelo de los pájaros y hacer de cuenta que los pies se apoyan en las nubes.

También se recomienda llamar por teléfono o ir a la casa de algún nómade (no importa si son las tres de la mañana) para hablar de las cosas que les pasan o para hablar de las migraciones de las golondrinas o de la alegría de cualquier gorrión.

Hablar con los nómades acerca de estas cosas produce siempre un gran alivio en el corazón y en las articulaciones de todo el cuerpo. Sobre todo, produce un gran alivio en los laterales de la espalda, en los precisos lugares donde se está produciendo el nacimiento de las alas.

Además de estas transformaciones básicas, los sedentarios tendrán que aprender a dejarse sorprender por las lluvias y no andar siempre pendientes de paraguas. Los nómades aman la lluvia y se dejan conocer por ella.

Los sedentarios que culminen estas transformaciones serán bienvenidos en los caminos y en los vuelos de los nómades.

Lamentablemente, algunos se quedan a mitad de camino.

Alcanzan a hacer solamente algunas piruetas caminando en espiral o con las primeras gotas de lluvia, salen corriendo en línea recta a buscar un paraguas.

Aunque parezca extraño, podría darse el caso de que algún nómade decida transformarse en sedentario. Esto no es común pero si ocurriese, seguramente guardará sus alas en algún estante y saldrá por los asfaltos a caminar en línea recta.

No se garantiza que este tipo de transformaciones no lo lleven rápidamente al exterminio.

Entre los nómades no existe el nomadismo como doctrina.

No existen las doctrinas ni las ortodoxias.

Nada más lejos de los nómades que encerrarse adentro de los ismos.

 

Cuando se pluraliza hablando de los nómades es nada más que a los efectos de incluirlos en las generalidades de la especie.

Los nómades no tienen uniformados los sentimientos ni las razones.

Saben que a pesar de las identidades que le da la especie, ser nómades es una construcción del corazón y de la mente, a partir de los latidos personales.

 

Bajo ningún concepto, bajo ninguna razón, bajo ningún sentimiento, deberá entenderse que las diferencias entre sedentarios y nómades son abismos infranqueables.

Cualquiera sabe que precisamente aprender a volar se hace imprescindible para atravesar abismos.

Frente a los abismos, los pies comprueban sus limitaciones y es ahí donde las alas empiezan a tener razón de ser.

2 respuestas a EL RETORNO DE LOS NÓMADES Lía Schenck

  1. Este es uno de mis libros-guìa desde hace muuuuuchos años .Y creo que es importante que circule , porque mueve los puntos de vista perimidos y rìgidos antiguos.Querìamos una revoluciòn? Leamos con el alma

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